Prospection

Conseguir clientes sin perder la semana en ello.

Dónde buscar, cómo abordar, cuándo insistir. El recorrido completo, en el orden en que ocurre de verdad.

En resumen

Conseguir clientes se reduce a cuatro gestos: definir con precisión a quién quiere llegar, construir una lista de empresas reales, contactar por el canal que su objetivo usa de verdad, y hacer seguimiento hasta obtener una respuesta. Es el último, el más ingrato, el que explica casi toda la diferencia entre dos empresas comparables.

El problema casi nunca es encontrarlos

Cuando una empresa dice que le faltan clientes, suele creer que le faltan prospectos. Casi siempre se equivoca. Los contactos ya están ahí: las peticiones entrantes de los últimos seis meses, los presupuestos sin respuesta, las tarjetas de una feria, la gente que se cruza en obra. Lo que falta es el rastro de esos contactos y el gesto de volver a ellos.

La prospección rara vez falla en la primera llamada. Falla en la tercera, la que nadie hace porque nadie recuerda que tocaba. Un contacto sin fecha de seguimiento no es un contacto, es un recuerdo.

Los cuatro pasos, en orden

Ninguno rescata al anterior. Una lista impecable no salva un discurso vago, y un buen argumentario no compensa la ausencia de seguimiento.

  • 1. Saber a quién busca

    Un sector, un tamaño, una zona. « Las pymes » no es un objetivo: « las agencias de comunicación de 5 a 20 empleados en Cataluña » sí lo es, y se puede contar.

  • 2. Construir la lista

    Registros públicos, peticiones pasadas, su red, ferias, directorios profesionales. Cada fuente tiene su coste y su frescura.

  • 3. Tomar contacto

    Teléfono, correo, LinkedIn, recomendación. El buen canal es el que su interlocutor usa en su jornada de trabajo, no el que a usted le resulta más cómodo.

  • 4. Hacer seguimiento

    Una respuesta rara vez llega al primer mensaje. Es el paso que casi nadie sostiene, y por eso mismo ahí está su ventaja.

Cuántos contactos para un cliente

La proporción depende de su oficio, del importe medio de sus operaciones y de la precisión de su segmentación. En vez de fiarse de una media encontrada en internet, mida la suya: cuente durante tres meses los primeros contactos, las reuniones obtenidas, los presupuestos enviados y los firmados.

Esos cuatro números le dicen de inmediato dónde se rompe. Muchos contactos y pocas reuniones: revise segmentación o gancho. Muchos presupuestos y pocas firmas: el problema está en el seguimiento, no en la prospección.

Lo que cuesta de verdad en tiempo

Una hora al día, sostenida, gana a tres jornadas enteras una vez por trimestre. La prospección a golpes crea túneles: se llena, se produce, se deja de prospectar, y tres meses después se vuelve a cero.

No es una cuestión de motivación sino de organización. Un hueco fijo, una lista preparada la víspera, y un único sitio donde estén los seguimientos del día.

Preguntas frecuentes

¿Hay que prospectar cuando ya se tienen clientes?

Sí, y es el mejor momento. Prospectar solo cuando la cartera se vacía crea un ciclo de baches: reconstruir un flujo suele llevar de tres a seis meses. Una prospección regular, aunque sea a baja dosis, suaviza esa curva.

¿Cuánto tarda en dar resultados?

Cuente la duración de su ciclo de venta habitual más el tiempo de construir una lista. Con un ciclo corto, los primeros resultados llegan en uno o dos meses. Con un ciclo largo, seis meses es un plazo normal.

¿Comprar una base o construirla?

Los registros públicos dan identidad, actividad, dirección y tamaño gratis. Lo que añade una base de pago son los datos de contacto nominativos. Empiece por lo gratuito, mida su tasa de conversión, y compre solo si el cálculo lo justifica.

¿Hace falta software para prospectar?

Para empezar no. Una hoja de cálculo basta mientras siga unas decenas de contactos usted solo. Se convierte en un lastre en cuanto varias personas trabajan la misma lista, o cuando los seguimientos a programar superan lo que una memoria retiene.

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